domingo, 12 de agosto de 2012

Libro...

Alfa

Prólogo.

Katherine se encontraba recargada en el tronco del gran árbol fuera de su casa, la pequeña se encontraba  sumergida entre las páqinas del libro que tenía entre las manos  “el sol se alzaba en el cielo y el mar brillaba como plata fundida. La playa estaba desierta y una brisa impregnada de salitre soplaba desde el océano”, leía cuando unas delgadas manos tomaron por lo alto el libro.
 -¿Pero qué basura lees?- se quejó Esteban
 -No es ninguna basura, es una buena lectura-se defendió Kat
La niña de doce años se levantó de su sitio y en vano intento recuperar su libro.
Esteban se divertía alejando el libro de Kat, alzándolo más allá de su cabeza.
 -¡Esteban, regrésame mi libro!-  grito la niña mientras corría alrededor del árbol tratando de alcanzar al chico, que soltaba carcajadas a los cuatro vientos mientras hacía que se enojase más y más.
 -maldita sea, Esteban regrésame ese libro- exigió Katherine parando en seco.
Esteban freno a las espaldas de Kat, y esta cuando volteo para encontrárselo cara a cara se dio cuenta que no trataba de esconder ni en lo más mínimo su pícara sonrisa.
 -No crees que eres muy pequeña para estar diciendo tremendas palabrotas-  
 -¿Y tú no eres muy inmaduro para tu edad?- lo contradijo Katherine.
 -Oh, vamos solo te gano  por dos años, y aparte me dé verías de agradecer.
Katherine alzo una ceja y se cruzó de brazos.
 -¿Y porque debería de a agradecerte?-
-Porqué ahora gracias a mí no te estas medio muriendo de aburrimiento –contesto alegremente
Katherine esbozo una sonrisa, muy poco amigable, respiro ando, y con la voz más tranquila que pudo le dijo:
 -Me divertiría si me regresaras mi libro.
Esteban se recargo en el grueso tronco del árbol, y frunció el ceño, claro que eso solo significaba una cosa: es­taba pensando en algo, algo que sería malo para Katherine. Y si, así lo fue.
 -Dame un beso y te regreso tu libro -sentencio Esteban.
Katherine alzo las dos cejas sorprendida, y miro fijamente a Esteban mientras pensaba que le estaba tomando el pelo, pero la cara del chico reflejaba total seriedad que Katherine se sorprendió.
 -¡Ni de broma!- exclamo la niña.
 -¿En serio?- contesto Esteban mientras sonreía sacaron –y yo pensé que te importaba más tu libro- se encogió de hombros mientras se daba la vuelta para irse.
 -Ni siquiera  me gustaba ese libro- contesto Kat encogiéndose de hombros al igual que Esteban lo hizo.
Esteban se volvió para mirarla, digiera lo que digiera, nadie le quitaba esa sonrisa que pasaba de  traviesa a picara, y de picara a burlona. Los dos se miraron fijamente, retándose, ninguno de los dos aparto la mirada, fue Esteban quien rompió el silencio.
-¿Segura?
Katherine asintió con la cabeza, sin saber lo que el chico estaba por hacer. Esteban saco un encendedor del bolsillo de su chaqueta; al encenderlo lo acerco a la punta del preciado libro, Kat abrió los ojos como la luna llena, pero ese gesto duro poco, cuando se dio cuenta de que su amigo le sonreía abiertamente, una sonrisa que ella sabía interpretar, así que se encogió de hombros quitándole importancia a lo que hiciera o no con su libro.
Al chico la hacía mucha gracias ver a Kat así, tan solo era dos años mayor que ella pero ella tenía mucho or­gullo, más que él, pero también era valiente, y él lo sabía perfectamente.  Acerco más aun la llama a la punta del libro que se empezaba a quemar.         
-¡No lo hagas!- grito Kat
Esteban alejo la llama del libro, y apago el poco fuego que se logró crear. Alzo una ceja y sonrió, él sabía que ella le entendería con ese simple gesto.
-A no, ni creas que te besare por mi libro- se quejó Kat cruzándose de brazos.
-De acuerdo- contesto Esteban encendiendo nuevamente.
Antes de que Kat pudiera abrir de nuevo la boca se escuchó un grito llamándola.
-¡Katherine!- grito desesperadamente su madre
Ella se giró para contestarle.       
-¡En un momento!
Cuando se giró de nuevo para mirar a su chamuscado libro y a Esteban, noto que la mirada de este se encen­día una mirada de desesperación.
-Solo un beso- dijo Esteban.
Kat asintió con la cabeza, mientras daba un paso hasta el, quien a su vez se acercaba a ella, cuando Kat cerró los ojos y se preparó para recibir su primer beso, y con Esteban se dio cuenta que la idea no le desagradaba del todo, ella sintió como él le ponía el libro entre sus manos, sintió el fugas beso que él le dio en la mejilla, un beso delicado y suave, Kat abrió los ojos y antes de que uno de los dos pudiera decir o hacer algo se escuchó un gruñido, cuando se fijaron más se dieron cuenta que era un lobo de pelaje castaño, gruñéndoles. En sus blancos dientes destacaba una mancha escarlata.
-Me tengo que ir- dijo apresuradamente Esteban –hasta luego, Kat- termino con una sonrisa.
La niña percato que el tono de voz del chico había cambiado radicalmente, a algo más… maduro. Esteban se fue junto con el lobo, un lobo que Kat sabía bien, no era de su manada, y que tampoco era algún pariente de Esteban, pero ella no dijo nada, y contemplo como el chico y el feroz lobo desaparecían entre los arboles del bosque.
Kat salió corriendo hasta su casa que no se encontraba muy lejos de en donde estaba, para encontrarse a un montón de gente reunida frente a la puerta corrediza de cristal, todos ellos pertenecían a su mandada y los distinguía a todos, pero la silueta que más distinguía era la de su madre, fue corriendo hasta ella, abrazándola por atrás, lista para preguntar qué es lo que estaba sucediendo, pero cuando su madre logro voltear para con ella se dio cuenta que sus manos estaban llenas de un color escarlata, lo primero que la niña pensó fue que era la des u padre pero cuando lo vio sano y salvo atreves de la puerta de cristal  una preocupación se fue para llegar otra, lo único que puedo pensar fue una sola cosa: su hermano mayor.
-No te preocupes, todo estará bien cariño-  la tranquilizo su madre antes de entrar corriendo con su esposo, quien se limpiaba con un pañuelo que en sus buenos tiempos fue blanco, pero ahora lo cubría un rojo intenso.
-Estamos seguros que fue un ataque animal- le susurro Leonardo a su esposa, consciente de que su hija menor podría estar escuchándolo
-¿De qué animal hablamos? -quiso saber su esposa de inmediato, pero él no podía contestar, se sentía defrau­dado, como jefe alfa de su manada ante lo que el sabia. Su esposa no pudo más y lo tomo de los hombros zan­goloteándolo y le pregunto de nuevo y sin importarle quien loa estuviera escuchando - ¡¿Qué ataco a nuestro hijo, Leo?¡, ¡¿Quién?¡
Leonardo levanto la vista y clavo sus marrones ojos en los de su esposa.
-Un lobo… uno de los nuestros.
Katherine se vio envuelta entre los brazos de una de su vecina mientras su padre anunciaba aquella catástrofe, un mar de murmullos se desato a su alrededor, Katherine no quería que su hermano mayor muriera, no solo porque lo amaba, ni porque era como un amigo, sino que si el moría el lugar que le tocaba a él en la manada por ser el hijo del alfa, se lo cederían a ella. Kat se quedó sollozando entre los brazos de la vecina, mientras veía como sus padres regresaban a la habitación de su hermano, como supuso ella que estarían, y rezo, rezo en silencio por más de dos horas para que su hermano se curara de aquel ataque, y pudieran seguir jugando a la montaña encantado, o seguir yendo al cine, simplemente para estar con él.
Esa misma noche su hermano mayor murió.    

                                                          

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