domingo, 29 de julio de 2012


El ruiseñor y la rosa
Oscar Wilde
-Dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay una solo rosa roja en todo mi jardín. Desde su nido de la encina, oyóle el ruiseñor. Miró por entre las hojas asombrado.
-¡No hay ni una rosa roja en todo mi jardín! -gritaba el estudiante.
Y sus bellos ojos se llenaron de llanto.
-Ah, de qué cosa más insignificante depende la felicidad! He leído cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos de la filosofía y encuentro mi vida destrozada por carecer de una rosa roja.
-He aquí, por fin, el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Le he cantado todas las noches, aún sin conocerlo; todas las noches les cuento su historia a las estrellas, y ahora lo veo. Su cabellera es oscura como la flor del jacinto y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la pasión lo ha puesto pálido como el marfil y el dolor ha sellado su frente.
-El príncipe da un baile mañana por la noche -murmuraba el joven estudiante-, y mi amada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré en mis brazos, reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mía. Pero no hay rosas rojas en mi jardín. Por lo tanto, tendré que estar solo y no me hará ningún caso. No se fijará en mí para nada y se destrozará mi corazón.
-He aquí el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí es pena para él. Realmente el amor es algo maravilloso: es más bello que las esmeraldas y más raro que los finos ópalos. Perlas y rubíes no pueden pagarlo porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor ni ponerlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro.
-Los músicos estarán en su estrado -decía el joven estudiante-. Tocarán sus instrumentos de cuerda y mi adorada bailará a los sones del arpa y del violín. Bailará tan vaporosamente que su pie no tocará el suelo, y los cortesanos con sus alegres atavíos la rodearán solícitos; pero conmigo no bailará, porque no tengo rosas rojas que darle.
Y dejándose caer en el césped, se cubría la cara con las manos y lloraba.
-¿Por qué llora? -preguntó la lagartija verde, correteando cerca de él, con la cola levantada.
-Si, ¿por qué? -decía una mariposa que revoloteaba persiguiendo un rayo de sol.
-Eso digo yo, ¿por qué? -murmuró una margarita a su vecina, con una vocecilla tenue.
-Llora por una rosa roja.
-¿Por una rosa roja? ¡Qué tontería!
Y la lagartija, que era algo cínica, se echo a reír con todas sus ganas.
Pero el ruiseñor, que comprendía el secreto de la pena del estudiante, permaneció silencioso en la encina, reflexionando sobre el misterio del amor.
De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo.
Pasó por el bosque como una sombra, y como una sombra atravesó el jardín.
En el centro del prado se levantaba un hermoso rosal, y al verle, voló hacia él y se posó sobre una ramita.
-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el rosal meneó la cabeza.
-Mis rosas son blancas -contestó-, blancas como la espuma del mar, más blancas que la nieve de la montaña. Ve en busca del hermano mío que crece alrededor del viejo reloj de sol y quizá el te dé lo que quieres.
Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía entorno del viejo reloj de sol.
-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el rosal meneó la cabeza.
-Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como los cabellos de las sirenas que se sientan sobre un tronco de árbol, más amarillas que el narciso que florece en los prados antes de que llegue el segador con la hoz. Ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante, y quizá el te dé lo que quieres.
Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía debajo de la ventana del estudiante.
-Dame una rosa roja -le gritó-, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el arbusto meneó la cabeza.
-Mis rosas son rojas -respondió-, tan rojas como las patas de las palomas, más rojas que los grandes abanicos de coral que el océano mece en sus abismos; pero el invierno ha helado mis venas, la escarcha ha marchitado mis botones, el huracán ha partido mis ramas, y no tendré más rosas este año.
-No necesito más que una rosa roja -gritó el ruiseñor-, una sola rosa roja. ¿No hay ningún medio para que yo la consiga?
-Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.
-Dímelo -contestó el ruiseñor-. No soy miedoso.
-Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal -, tienes que hacerla con notas de música al claro de luna y teñirla con sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.
-La muerte es un buen precio por una rosa roja -replicó el ruiseñor-, y todo el mundo ama la vida. Es grato posarse en el bosque verdeante y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas. Suave es el aroma de los nobles espinos. Dulces son las campanillas que se esconden en el valle y los brezos que cubren la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida. ¿Y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un hombre?
Entonces desplegó sus alas obscuras y emprendió el vuelo. Pasó por el jardín como una sombra y como una sombra cruzó el bosque.
El joven estudiante permanecía tendido sobre el césped allí donde el ruiseñor lo dejó y las lágrimas no se habían secado aún en sus bellos ojos.
-Sé feliz -le gritó el ruiseñor-, sé feliz; tendrás tu rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido, en cambio, es que seas un verdadero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, aunque ésta sea sabia; más fuerte que el poder, por fuerte que éste lo sea. Sus alas son color de fuego y su cuerpo color de llama; sus labios son dulces como la miel y su hálito es como el incienso.
El estudiante levantó los ojos del césped y prestó atención; pero no pudo comprender lo que le decía el ruiseñor, pues sólo sabía las cosas que están escritas en los libros.
Pero la encina lo comprendió y se puso triste, porque amaba mucho al ruiseñor que había construido su nido en sus ramas.
-Cántame la última canción -murmuró-. ¡Me quedaré tan triste cuando te vayas!
Entonces el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que ríe en una fuente argentina.
Al terminar la canción, el estudiante se levantó, sacando al mismo tiempo su cuaderno de notas y su lápiz.
"El ruiseñor -se decía paseándose por la alameda-, el ruiseñor posee una belleza innegable, ¿pero siente? Me temo que no. Después de todo, es como muchos artistas: puro estilo, exento de sinceridad. No se sacrifica por los demás. No piensa más que en la música y en el arte; como todo el mundo sabe, es egoísta. Ciertamente, no puede negarse que su garganta tiene notas bellísimas. ¿Que lástima que todo eso no tenga sentido alguno, que no persiga ningún fin práctico!"
Y volviendo a su habitación, se acostó sobre su jergoncillo y se puso a pensar en su adorada.
Al poco rato se quedo dormido.
Y cuando la luna brillaba en los cielos, el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas.
Y toda la noche cantó con el pecho apoyado sobre las espinas, y la fría luna de cristal se detuvo y estuvo escuchando toda la noche.
Cantó durante toda la noche, y las espinas penetraron cada vez más en su pecho, y la sangre de su vida fluía de su pecho.
Al principio cantó el nacimiento del amor en el corazón de un joven y de una muchacha, y sobre la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción.
Primero era pálida como la bruma que flota sobre el río, pálida como los pies de la mañana y argentada como las alas de la aurora.
La rosa que florecía sobre la rama más alta del rosal parecía la sombra de una rosa en un espejo de plata, la sombra de la rosa en un lago.
Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.
Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas y su canto fluyó más sonoro, porque cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una virgen.
Y un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la rosa, lo mismo que enrojece la cara de un enamorado que besa los labios de su prometida.
Pero las espinas no habían llegado aún al corazón del ruiseñor; por eso el corazón de la rosa seguía blanco: porque sólo la sangre de un ruiseñor puede colorear el corazón de una rosa.
Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.
Entonces el ruiseñor se apretó aún más contra las espinas, y las espinas tocaron su corazón y él sintió en su interior un cruel tormento de dolor.
Cuanto más acerbo era su dolor, más impetuoso salía su canto, porque cantaba el amor sublimado por la muerte, el amor que no termina en la tumba.
Y la rosa maravillosa enrojeció como las rosas de Bengala. Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su corazón.
Pero la voz del ruiseñor desfalleció. Sus breves alas empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos.
Su canto se fue debilitando cada vez más. Sintió que algo se le ahogaba en la garganta.
Entonces su canto tuvo un último destello. La blanca luna le oyó y olvidándose de la aurora se detuvo en el cielo.
La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y abrió sus pétalos al aire frío del alba.
El eco le condujo hacia su caverna purpúrea de las colinas, despertando de sus sueños a los rebaños dormidos. El canto flotó entre los cañaverales del río, que llevaron su mensaje al mar.
-Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la rosa.
Pero el ruiseñor no respondió; yacía muerto sobre las altas hierbas, con el corazón traspasado de espinas. A medio día el estudiante abrió su ventana y miró hacia afuera.
-¡Qué extraña buena suerte! -exclamó-. ¡He aquí una rosa roja! No he visto rosa semejante en toda vida. Es tan bella que estoy seguro de que debe tener en latín un nombre muy enrevesado.
E inclinándose, la cogió. Inmediatamente se puso el sombrero y corrió a casa del profesor, llevando en su mano la rosa. La hija del profesor estaba sentada a la puerta. Devanaba seda azul sobre un carrete, con un perrito echado a sus pies.
-Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja -le dijo el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo. Esta noche la prenderás cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos, ella te dirá cuanto te quiero.
Pero la joven frunció las cejas.
-Temo que esta rosa no armonice bien con mi vestido -respondió-. Además, el sobrino del chambelán me ha enviado varias joyas de verdad, y ya se sabe que las joyas cuestan más que las flores.
-¡Oh, qué ingrata eres! -dijo el estudiante lleno de cólera.
Y tiró la rosa al arroyo.
Un pesado carro la aplastó.
-¡Ingrato! -dijo la joven-. Te diré que te portas como un grosero; y después de todo, ¿qué eres? Un simple estudiante. ¡Bah! No creo que puedas tener nunca hebillas de plata en los zapatos como las del sobrino del chambelán. Y levantándose de su silla, se metió en su casa. "¡Qué tontería es el amor! -se decía el estudiante a su regreso-. No es ni la mitad de útil que la lógica, porque no puede probar nada; habla siempre de cosas que no sucederán y hace creer a la gente cosas que no son ciertas. Realmente, no es nada práctico, y como en nuestra época todo estriba en ser práctico, voy a volver a la filosofía y al estudio de la metafísica."
Y dicho esto, el estudiante, una vez en su habitación, abrió un gran libro polvoriento y se puso a leer.

El árbol de Apolo
La historia de Dafne y Apolo

Un día, cuando Apolo, el dios de la luz y de la verdad, era aún joven, encontró a Cupido, el dios del amor, jugando con una de sus flechas.
-¿Qué estás haciendo con mi flecha?- preguntó Apolo con ira-. Maté una gran serpiente con ella. ¡No trates de robarme la gloria, Cupido! ¡Ve a jugar con tu arquito y con tus flechas!
Tus flechas podrán matar serpientes, Apolo –dijo el dios del amor-, ¡pero las mías pueden hacer más daño! ¡Incluso tú puedes caer herido por ellas!
Tan pronto hubo lanzado su siniestra amenaza, Cupido voló a través de los cielos hasta llegar a lo alto de una elevada montaña. Una vez allí, sacó de su carcaj dos flechas. Una cuyo efecto en aquel que fuera tocado por ella sería el de huir de quien le profesara amor. Con la segunda, quien fuera herido por ella se enamoraría instantáneamente de la primera persona que viera.
Cupido tenía destinada su primera flecha a Dafne, una bella niña que cazaba en lo profundo del bosque.
Cupido templó la cuerda de su arco y apuntó con la flecha a Dafne. Una vez en el aire, la flecha se hizo invisible, así que cuando atravesó el corazón de la niña, ésta sólo sintió  un dolor agudo, pero no supo la causa.
Con las manos cubriéndose la herida, corrió en busca de su padre, el dios del río.
-¡Padre! – Exclamó-: ¡Debes hacerme una promesa!
-¿De qué se trata? –preguntó el dios.
-¡Prométeme que nunca tendré que casarme! –gritó Dafne.
-¡Pero yo quiero tener nietos!
-¡No, padre! ¡No quiero casarme nunca! ¡Déjame ser siempre libre! –gritó Dafne, y comenzó a golpear el agua con los puños.
-¡Muy bien! –Profirió el dios del río-. ¡No te aflijas así, hija mía, te prometo que no tendrás que casarte nunca!
-¡Y prométeme que me ayudarás a huir de mis perseguidores! –agregó Dafne.
-¡Lo haré, te lo prometo!
Después de que Dafne obtuvo esta promesa de su padre, Cupido preparó la segunda flecha, esta vez destinada a Apolo, quien estaba vagando por los bosques. Y en el momento en que el joven dios se encontró cerca de Dafne, templó la cuerda del arco y disparó hacia el corazón de Apolo.
Al instante, el dios se enamoró de Dafne. Y, aunque la doncella llevaba el cabello salvaje y en desorden, y vestía sólo toscas pieles de animales, Apolo pensó que era la mujer más bella que jamás había visto.
-¡Hola! –le gritó; pero Dafne le lanzó una mirada de espanto y, dando un salto, se internó en el bosque como lo hubiera hecho un ciervo.
Apolo corrió detrás de ellas gritando: - ¡Detente, detente! Pero la niña se alejó con la velocidad del viento.
-¡Por favor no corras, detente! ¡Yo no soy tu enemigo! ¿Sabes quién soy? No soy un campesino ni un pastor. ¡Soy un dios, cacé una enorme serpiente con mi flecha!
Dafne seguía corriendo. Apolo ya estaba cansado de pedirle que se detuviera, así que aumentó la velocidad, hasta que pronto estuvo cerca de ella. Ya sin fuerzas, Dafne podía sentir la respiración de Apolo sobre sus cabellos.
-¡Ayúdame, padre! –Gritó dirigiéndose al dios del río-. ¡Ayúdame!
No acababa de pronunciar estas palabras cuando sus brazos y piernas comenzaron a tornarse pesados hasta volverse leñosos. El pelo se le convirtió en hojas y los pies en raíces que empezaron a internarse en la tierra.
Había sido transformada en el árbol del laurel, y nada había quedado de ella, salvo su exquisito encanto. Apolo se abrazó a las ramas del árbol como si fueran los brazos de Dafne y, besando su carne de madera, apretó las manos contra el tronco y lloró.
- Siento que tu corazón late bajo esta corteza –dijo Apolo, mientras las lágrimas rodaban por su rostro-. Y como no podrás ser mi esposa, serás mi árbol sagrado. Usaré tu madera para construir mi arpa y fabricar mis flechas, y con tus ramas haré una guirnalda para mi frente, y siempre serás joven y verde, tú, Dafne, mi primer amor.

LIBROS & MÁS LIBROS.

El cielo esta en cualquier lugar. 

Jandy Nelson.
¡Simplemente no puedes evitar enamorarte de este libro!
Lennie, una chica divertida y tímida, acaba de sufrir una gran pérdida, su hermana mayor, a quien más amaba, y confiaba, murió hace 3 meses. Lennie, se refugia en su clarinete y en sus libros. Apartada de todos, incluso de Abu, y su mejor amiga, cae en una profunda oscuridad, pero no cae sola, la acompaña el novio de su hermana, que al pasar de las paginas se convierte en un poco mas que eso. Hay un problema, acaba de llegar un extraordinario y muy apuesto guitarrista al pueblo, y él se las ingenia para sacar a la clarinetista de aquel oscuro pozo, y, hasta, logra que pueda olvidar la muerte de su hermana. Ahora, Lennie, se encuentra dividida entre el sol y la luna.
Solo le queda encontrar su melodía, al chico correcto, y darse cuenta que el cielo esta en cualquier lugar.


Un día, hace años, estaba tirada en el jardín de Abu y Big me preguntó qué estaba haciendo. Le dije que mirando al cielo. Él dijo: “Eso es un error de planteamiento, Lennie, el cielo está en cualquier lugar, empieza en tus pies”


Me acerco a la puerta principal de puntitas, para que no se descubra que en realidad estamos en casa, y me asomo por la mirilla. Es Joe Fontanie, que parece mas animado que nunca, como si la puerta de entrada le estuviera contando un chiste. Lleva una guitarra en la mano.
-Vamos a escondernos- susurro.

-Toca tú. Yo te escucho.
-No lo entiendo-dice-. ¿De que va la cosa?
-Va de que no quiero.
-¿Pero por qué? Tú escoges, me da igual el tema.
-Ya te lo he dicho, no quiero…
Él se echa a reír.
-Dios, me siento como si te estuviera presionando para que te acostaras conmigo o algo así-


¿Qué pasa Lennie?
Nada.
Cuéntamelo.
No.
Venga, suéltamelo.
Vale. Es que ahora eres diferente.
¿Cómo?
Como un zombi.
Estoy enamorada Len…  jamás me había sentido así…
¿Cómo?
En plan para siempre.
¿Para siempre?
Sí, lo encontré. Es él.
¿Cómo lo sabes?
Me lo dicen los dedos de los pies.

LIBROS & MÁS LIBROS.

Donde habitan los ángeles.
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Una bellísima novela de Claudia Celis, narrada por Pancho, un niño, que su madre lo deja en san miguel, con sus tíos abuelos: la tía chabela, quien prepara una deliciosa comida, y su tío Tacho, un muy cómico doctor, que cree tener la razón en casi todo. En esta historia vemos de todo un poco, vemos como Panchito pasa de ser un niño, hasta ya terminar la universidad, en esta historia también encontramos, amores y desamores, el perjuicio de algunas familias, perdidas y el incondicional apoyo de aquellos que te aman, la familia.  

"-¡Sí, tía! ¡Y también me dejaron mis patines!- me estremecí de emoción.
-¿Sus patines?- intervino mi tío-. ¡Se equivoca, Panchito! ¡Los patines los pedí yo!
-Aaaaaay –salió a flote mi desilusión.
Intentó ponérselos.
-Se me olvido decirle en la carta de que número calzo- me dijo-, a ver, pruébeselos usted.
¡Era de mi medida!
-Se los presto, pero me los cuida- me advirtió.
-¡Sí, tío!- le prometí feliz."
  
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sábado, 28 de julio de 2012

Una pequeña frase...

"Procura vivir. Deja los recuerdos para los viejos."
Paulo Coelho.  
Extras...!
Para jóvenes escritores.


Así pues 10 consejos para los jóvenes escritores.

¡Enamórate de una mujer que lee!


¡Enamórate de una mujer que lee!

 Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas 
de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene
 una lista de libros por leer, encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora 
porque en su bolso siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. 
Es la que siempre mira amorosamente las vitrinas de las librerías, la que 
grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un
 tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano?
 Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, 
de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras. Comprende 
que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que
 de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. 
No será culpa tuya si lo hace.  Por lo menos tiene que intentarlo. 


Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al esplendor y que todo tiene un final,
 pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda 
parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir 
siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse 
con uno o dos villanos. 

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las 
personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela,
 -excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo-. 

 Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las 
dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, 
prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante 
un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del 
libro como si fueran reales. - y es que, por un tiempo, siempre lo son-.

 Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto 
de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez 
que se enferme; puede que hasta sea por Skype!!!

 Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado
 todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de
 ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz 
de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle
 monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor
 estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir 
a una chica que lee.



O mejor aún, a una que escriba.


por no se quien.
LIBROS & MÁS LIBROS.

El príncipe de la niebla.

Una magnifica y atemorizante novela juvenil, del autor Carlos Ruiz Zafón.
Año 1943, la guerra obliga a que Max y su familia se muden a un pequeño pueblo a orillas del Atlántico, a una gran casa, que tiene sus secretos, y un muy extraño jardín poblado por estatuas de todo tipo. ¿Pero qué mal puede esperar la familia de un relojero? Pues Max, y Alicia, junto con su nuevo amigo Roland, descubren la verdad que asecha el pasado de Roland, y también el misterio del príncipe de la niebla, que viene buscando una vida.
¿A quien busca?
¿Qué misterios hay en la casita del farol?
¿Cuál es el misterio del jardín de las estatuas?

Booktrailer. 


Un poco de música !


Rock.

Needtobreathe

Drive all night



LIBROS & MÁS LIBROS...  


La ladrona de libros.

Una bella y desgarradora historia, narrada, por más ni menos que la misma muerte.
La historia la protagoniza Liesel Meminger, una niña que ve como la segunda guerra mundial le arrebato todo aquello que mas ama. Tras la muerte de su hermano menor, y el secuestro de un libro para sepultureros, la pequeña ladrona llega al hogar de la familia Hubermann, una simpática pareja, que la mayor parte del tiempo se la pasan de discusión tras discusión; su nuevo padre, un simple pintor de paredes, es quien le enseña a leer y escribir, sin saber que despierta un enorme interés en Liesel, un interés que la lleva a transformarse en  La ladrona de libros.

Había robado un libro.
Alguien la había visto
La ladrona de libros estuvo a la altura de las circunstancias. (Pág. 132)

En esta historia también la acompaña su inseparable amigo Rudy, que la mete un millón de problemas, pero también esta para sacarla de ellos, y como siempre para pedirle un beso.

Liesel no iba a ser menos.
-Me juego lo que quieras a que sí.
-¿Qué te juegas pequeña saumensch? ¿Tienes dinero?
-Claro que no, ¿y tú?
-No.- Pero Rudy tenía una idea. Fue el galán quien habló por él-. Si gano, te doy un beso. (Pág. 36)

La ladrona de libros, fue creciendo, cambiando, conociendo nueva gente, metiéndose en mas problemas, y robando más libros.